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28Feb/1222

Panasonic Lumix GX1

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Panasonic se ha hecho de rogar unos cuantos años, pero por fin ha retomado el camino que en su momento representó su Lumix DMC-GF1: una cámara pequeña y fácilmente transportable, pero pensada también para quienes quieren trabajar en manual. Convertida en una especie de hermana mayor de la GF3 y en una versión reducida de la G3, esta Lumix DMC-GX1 vendría a ser la otra cámara "seria" con bayoneta Micro Cuatro Tercios, compitiendo directamente con la Olympus E-P3.
Una vez demarcado su espacio en un escaparate cada vez más saturado, lo cierto es que la carta de presentación de esta GX1 promete. Empezando por ese CMOS de 16 megapíxeles ya visto en la citada G3 y que ha supuesto un interesante paso adelante de este estándar de cámaras sin espejo y óptica intercambiable abanderado por Olympus y Panasonic.

Así que, tras convivir con ella y con las dos primeras ópticas motorizadas Lumix G X, ha llegado el momento de comprobar si se cumplen las altas expectativas que ha suscitado.

Pese a que la GX1 rehúye las líneas redondeadas y los tics "miniaturizadores" que últimamente habíamos advertido en este tipo de cámaras firmadas por Panasonic, tampoco cae en los brazos del diseño retro de las Olympus Pen o la más reciente OM-D E-M5. Simplemente se vuelve a la senda marcada en su momento por la GF1: tamaño moderado pero tampoco diminuto, ergonomía bien conseguida y un buen puñado de accesos directos y mandos de control para que el fotógrafo avanzado pueda sentirse cómodo.

Calculadora en mano, la diferencia de precio respecto a la citada G3 (que además sí incorpora un visor electrónico) parece un tanto excesiva. La buena noticia es que si comparamos la GX1 con la E-P3 de Olympus (más contundente y metálica pero con un sensor más veterano), los menos de 600 euros por los que puede encontrarse la Lumix junto al zoom de 14-42 milímetros en su versión convencional ya no nos parecerán tanto.

Hay, como siempre, detalles por mejorar. Empezando por el vídeo, relegado a un papel demasiado secundario. Pero la GX1 es la prueba de que Panasonic no quiere perder el tren de aquellos que buscan una cámara con fundamento.